Binomio irreconciliable plantea hoy la Sagrada Escritura, ecuación incompatible que algunos pretenden solucionar. Me refiero al choque entre Dios y el dinero. Si esto resulta lapidario y apocalíptico, la verdad es que refleja la propuesta bíblica de hoy cuando Jesús dice: “No se puede servir a Dios y al dinero”.
La primera lectura propone realidades abominables que, aunque parecen imágenes ficticias, no son sino manifestaciones reales de una realidad que consume incluso a ministros de la iglesia, que pretenden armonizar con su fe sus ambiciones y deseos incontrolados por las riquezas. Se nombran vicios muy frecuentes: la alteración de las balanzas, el aumento incontrolado de precios, el soborno a quienes, por ambición hasta venden su alma y hasta vender la basura como si tuviera valor. Muchos buscan acumular riquezas en la Tierra sin darse cuenta de que así pierden el bien fundamental, la vida eterna en Cristo.
La segunda lectura contiene algunas recomendaciones de san Pablo a Timoteo. San Pablo le pide confiar en las autoridades, a pesar de que a veces nos desconcierten y hasta traicionen. Según Pablo y tiene razón, toda autoridad viene del único Dios y de su mediador, Jesucristo que, con su entrega, su muerte y resurrección, da testimonio y nos alcanza la vida eterna. Los cristianos, en contraste con las pretensiones financieras de algunos que buscan hasta hacerse ricos con la fe, es elevar las manos a Dios en oración permanente, consagrarnos definitivamente a la meta a que nos llama el testimonio de Jesucristo.
El evangelio es más complejo. El ejemplo es un administrador expulsado de su trabajo por presunta defraudación. Una frase de Jesús que sorprende respalda la parábola: “háganse amigos con el dinero de la injusticia”. ¿Está declarando Jesús que todo dinero es injusto? Pareciera que sí, porque, por ejemplo, nadie paga mi esfuerzo ni el entusiasmo que pongo en mi trabajo. Nos pagan lo que los patronos quieren o lo que las leyes disponen, pero nosotros querríamos más. Todo dinero es injusto. Entonces, utilicémoslo para ganarnos amigos, beneficiemos a los demás con los recursos que manejamos, seamos generosos, hábiles y sagaces. Que el dinero en nuestras manos sea para hacer del mundo un sitio mejor, para desarrollar el bien común, para dar a las personas opciones mejores que las que nosotros mismos hayamos manejado. El administrador infiel será expulsado de inmediato y tiene que reaccionar rápidamente. Parece que los administradores no tenían salario, sino que ganaban a partir de las comisiones que lograban sacar de las compras y ventas del amo. Por eso le viene una idea audaz, rebajar facturas a los deudores. Como seguramente él mismo ponía las comisiones, que quizá eran altas, al rebajar las facturas de los clientes del amo, sin robarle solo les rebaja los montos que implican sus comisiones. Así la gente queda feliz y agradecida y se abre un espacio de buena voluntad y gratitud de aquellos a los que, si antes defraudó cobrándoles altísimas comisiones, ahora beneficia. Jesús reconoce que los hijos de las tinieblas son más hábiles que los hijos de la luz. Por eso usemos el dinero para mejorar la vida de la gente. Ellos nos agradecerán el gesto y nosotros alcancemos vida eterna.